Por Psicóloga Angélica Galván Tinoco
Ésta es una pregunta que me hicieron recientemente, y que me hizo meditar acerca de lo complejo que hoy es pensar en el tiempo: el tiempo de vida. Por eso les pregunto a quienes me leen, ¿acaso no sienten que hoy nos falta tiempo? ¿Cómo es que hoy el tiempo “no alcanza”? A menudo escuchamos frases como: “no tengo tiempo”, “no hay tiempo que perder” o time is money. Esto resulta paradójico pues vivimos en una época donde la tecnología y sus avances están para “facilitarnos” la vida –tal como lo mencioné en mi columna anterior sobre la inteligencia artificial–, y ayudarnos a que con sus avances tengamos más tiempo para poder hacer más cosas. Sin embargo esto se ha convertido en un efecto contradictorio.
Un ejemplo es aquel en que el celular llegó para sustituir el teléfono fijo, convirtiéndose en un “facilitador” para estar disponibles también fuera de casa. Sin embargo, la espera que se vivía antes de su existencia se esfumó tras su llegada. Ahora con el invento del Whatsapp, por poner otro ejemplo, se nos obliga a estar disponibles todo el tiempo, las 24 horas del día, los siete días de la semana, haciendo que la comunicación sea rápida, eficaz y posible en cualquier parte del mundo. Ya no importa si nos hablan y no contestamos el teléfono, con un mensaje de Whatsapp sabremos que el mensaje llegó, y para muchos eso puede generar ansiedad por creer que si alguien no contesta enseguida es porque algo malo sucedió y no porque no quiere contestar o porque sencillamente tiene una vida aparte. Ante esto se escuchan reclamos como: “¿por qué tardaste tanto en contestarme?”, como si uno estuviera obligado a estar disponible para el otro todo el día, todos los días, todo el tiempo.
Lo que ocurre es que ya no hay lugar para la espera.
En el supuesto de que los avances de la tecnología brindan eficiencia para que “ganemos tiempo”, lo que están generando es que hoy más que nunca nos falte tiempo. Ahora la prisa llega con esa aceleración bajo la que vivimos, acelerando a su vez la forma en la que percibimos el tiempo. Zygmunt Bauman habla sobre la sociedad líquida y modernidad líquida haciendo ver cómo absolutamente todo es cambiante, inestable y flexible, dificultando la posibilidad de sostener algo a largo plazo. Si pensamos que la palabra líquido viene del latín liquidus que significa fluido, claro, que corre fácilmente, entonces el tiempo es algo que fluye a la velocidad de la modernidad líquida en la que vivimos, donde todo pueda ser desechable –hasta el tiempo–, pasando de la espera a la prisa.
¿Qué sucede hoy con las relaciones personales?,¿con la monotonía? Actualmente se cree que si algo es monótono es malo, porque produce aburrimiento, pero eso es algo muy complejo ya que he escuchado que cada día es más difícil poder construir y sostener una relación con el otro. Si después de un tiempo llega la monotonía a dicha relación se piensa que entonces algo ya está mal, cuando esa monotonía podría ser el resultado de una relación duradera y sólida, que se construye con y en el tiempo. Lo monótono asusta porque queremos estar bajo esa adrenalina que el cambio constante produce, desechando todo lo que sobra para pasar de una cosa a otra lo más rápido posible. Lo líquido, pues, no sostiene la relación sino que la diluye.
Pienso en el famoso multitasking, una palabra que proviene del inglés y se compone de multi, “muchos”, y task, “tarea”. Esta “capacidad” de realizar varias tareas al mismo tiempo o de pasar de una tarea a otra con rapidez, hace que podamos enviarmensajes mientras estamos comiendo, jugando con los hijos e incluso manejando; es una actividad ya normalizada en nuestra sociedad, y su consecuencia es que no se le pueda dedicar tiempo necesario a cada situación, el tiempo que se le dedicaría a la convivencia en una comida, a la plática, a la presencia con los hijos o con los demás.
El multitasking hace que se busque hacer muchas tareas al mismo tiempo pensando en un futuro muy lejano, el cual no sabemos si llegará, olvidando el presente y el mañana, que es muy diferente al futuro, en el día a día. Lo que se está perdiendo es la presencia debido a la aceleración del tiempo, del multitasking. Estamos dedicando nuestro tiempo de vida a ese multitasking que lo que busca es que perdamos el tiempo presente, para alcanzar un tiempo futuro que es incierto, para no aburrirnos, cuando una de las experiencias existenciales fundamentales de la vida es el aburrimiento. Pero si el aburrimiento es la falta de estimulación, pensando que estimular es impulsar, activar o motivar, entonces la pregunta sería ¿con qué propósito se busca la estimulación constante?
Hoy está mal visto “hacer nada” porque si uno hace nada entonces se queda fuera de “hacer mucho”, fuera de la productividad, como si la vida fuera una constante competencia para llegar a una meta. ¿Cuál sería entonces la meta o la recompensa a ganar por esa aceleración en la que vivimos? En esta prisa y “ganancia de tiempo” que acelera la vida gracias al multitasking, la vida fluye más rápido, acelerada, haciendo que sobre-vivamos, sin tener el tiempo para vivir y hacer presencia.
Así que si pensamos en la frase que cité al principio, time is money (en español, “el tiempo es dinero”), entonces estamos bajo una lógica donde el tiempo también obedece al mercado: producir, producir y producir. Pero ¿para qué o para quién tanto producir? Parece que hoy hasta las actividades como los hobbies tienen que ser con un fin monetariopara obtener una recompensa porque “no hay tiempo que perder”. Esto me hace pensar en los experimentos de Frederic Skinner con las ratas, donde trabajaba en una caja especial con una palanca y una rata, enseñándola a recibir comida si apretaba la palanca. Aeso, Skinner le llamó “condicionamiento operante”.
Actualmente me parece que estamos bajo ese condicionamento, donde el tiempo también es condicionado para hacer de el dinero en todo momento, sin pensar en el tiempo de vida que implica estar en constante estimulación. Habrá que pensar que el tiempo es para vivir y no para estar haciendo muchas cosas a la vez, en automatico, poder dedicar el tiempo a cada actividad, tiempo al otro apostando por la presencia, a la vida, y no a la superviviencia, como la rata en la caja que si aplasta la palanca entonces come para sobrevivir; la diferencia es que nosotros no somos ratas sino seres hablantes, atravesados por el lenguaje.
























