Por Daniel Osorio
El gobierno de Puebla someterá a consulta pública el futuro del teleférico de Los Fuertes, un proyecto que desde su planeación enfrentó advertencias sobre su viabilidad y que hoy sigue sin consolidarse como una infraestructura plenamente funcional.
La discusión no parte de cero. En 2013, cuando se planteó su construcción, la empresa Doppelmayr México, referente internacional en sistemas de transporte por cable, fue invitada a participar, pero optó por no hacerlo tras concluir que el proyecto no cumplía con condiciones técnicas adecuadas. El dato, revelado por el coordinador del Gabinete estatal, José Luis García Parra, reconfigura la lectura sobre una obra que, desde entonces, ha operado más como atractivo turístico que como solución de movilidad.
Esa definición de origen es clave para entender su desempeño posterior. Ubicado en una zona de valor histórico y recreativo, el teleférico no logró integrarse a un sistema de transporte más amplio ni generar un flujo constante de usuarios, lo que ha limitado su aprovechamiento.
Con ese antecedente, el gobierno estatal abrió un abanico de opciones que van más allá de mantenerlo como está. Una de las rutas en análisis es su reubicación, con un costo estimado cercano a los 50 millones de pesos, lo que implicaría no solo desmontaje y traslado, sino nuevos estudios de factibilidad.
Otra posibilidad apunta a resignificar la infraestructura existente sin moverla. En este escenario, las torres podrían reconvertirse en espacios de uso turístico, como un mirador o un restaurante panorámico, apostando por un modelo de aprovechamiento más acorde con su contexto actual.
También permanece la opción de mantener el teleférico en su ubicación original, aunque bajo ajustes que permitan integrarlo a otros proyectos o circuitos turísticos, en un intento por elevar su utilidad sin modificar su estructura.
La decisión no será unilateral. El gobierno estatal plantea una consulta pública en la que se presentarán al menos cuatro alternativas concretas. Más que definir el destino de una obra aislada, el ejercicio busca resolver qué hacer con una infraestructura que, a más de una década de su construcción, sigue sin encontrar un uso que justifique plenamente su existencia.
























