Por Psicóloga Angélica Galván
Hace unas semanas circuló la noticia de un niño de 3 años que murió a causa de un golpe de calor, debido a que su madre lo olvidó en el automóvil. A partir de esa noticia –ya saben cómo es el algoritmo– me empezó a salir información acerca de un síndrome nuevo que se ha nombrado como “síndrome del niño olvidado”. Si bien no es un diagnóstico como tal, ya se empieza a escuchar sobre éste, el cual en la mayoría de los casos se refiere a niños que son olvidados en los automóviles, aunque me parece que el fenómeno no sólo trate de niños olvidados en el auto sino también en la cotidianidad.
En El imparcial le dedicaron una nota al asunto: “El llamado síndrome del niño olvidado, también conocido como Síndrome del Bebé Olvidado (SBO), no es una enfermedad ni un diagnóstico médico oficial. Se trata de un término usado en psicología forense y neurociencia para describir situaciones en las que una persona puede olvidar accidentalmente a un menor dentro de un vehículo”. A partir de su descripción, me parece importante preguntarnos qué está pasando para que ahora surja un síndrome nuevo. ¿Qué nos querrá decir dicho síndrome? ¿Será un síndrome o más bien un síntoma?
Considero que es un síntoma de la sociedad contemporánea: el hecho de que los niños están olvidados. Más adelante, en la misma nota se menciona también que el fenómeno se relaciona en la vida de los adultos por “alteraciones en la rutina diaria, altos niveles de estrés, cansancio extremo o fallos en los procesos automáticos de la memoria”. Andrés Luna en su libro Figuras de la crítica menciona que “las formaciones de la psique, tanto como sus perturbaciones, son fenómenos socioculturales e históricos que se conforman en función de las elaboraciones colectivas —que no por ello son equitativas— del conflicto y el sacrificio inherentes a la vida social”, así que nuestros problemas psicológicos no surgen únicamente de algo individual o natural, sino que están profundamente influenciados por la sociedad y la historia.
En mi columna sobre la madre incondicional mencioné que cuando una es madre renuncia a algo de su narcisismo por su hijo; ser madre implica renunciar a mucho por el otro y más cuando son niños. Como madres renunciamos a ciertas comodidades que antes de ser madres teníamos para así poder darles lugar a nuestros hijos, para enseñarles, para dar borde y vida a un cuerpo que depende de otro para vivir en los primeros años de vida. Sin embargo ser madre también es asumir que no todo depende de nosotras y que como madresa veces fallamos.
Ahora bien, me parece que los síntomas emocionales no son exclusivamente individuales, por lo que algo en la contemporaneidad se estáreproduciendo, algo que no estamos viendo del todo. Vivimos bajo una sociedad con narrativas muy ambivalentes, por un lado se aspira a la madre incondicional, esa madre que soporta todo, sin límites, que da la vida por la familia, pero por el otro lado estamos bombardeados de discursos que hablan del amor propio, donde uno debe buscar relaciones que sumen, que no impliquen pérdida y renuncias, reforzando el narcisismo, poniéndose uno primero antes que a los demás, haciendo muy difícil renunciar a algo por el otro. ¿Acaso no es enloquecedor? ¿Cómo es posible que esas narrativas tan ambivalentes no nos afecten?
Al mismo tiempo escuchamos discursos que exigen un amor desbordado por la imagen, madres que se comparan con otras que se recuperaron con rapidez después del parto, buscando que a la brevedad una pueda ser la que fue antes de ser madre. Me pregunto si se vuelve a ser la mismadespués de semejante acontecimiento. Vivimos bajo ideales que sostengan no dar cuenta de que se es madre, impidiendo renunciar a algo del cuerpo y del tiempo por los hijos. Por lo tanto, da la impresión de que los bebés están llegando a un mundo donde no hay lugar para ellos. Un mundo en donde ciertas madres o padres colocan a sus hijos como objetos o adornos, y bajo esa lógica entonces los niños se pueden olvidar como se olvida un suéter o un paraguas. Niños a los que se les da un iPad para que se entretenga con tal de que no grite o no “perturbe lapaz”.
Estamos viviendo bajo estos ideales donde existe una ambivalencia entre la madre incondicional versus la madre con un narcisismo reforzado. Este síndrome del niño olvidado viene a ser, en todo caso, un síntoma que indica que es extremadamente cansado poder sostener un idealen el que la imagen impere y los hijos sean sólo un adorno como son los accesorios. Y efectivamente, muchos niños están creciendo en el olvido: de la mirada, del tiempo para ellos, en el olvido que implica no escucharlos ni tenerles paciencia.












